Solecito y otra de gambas
Mayo 1, 2008 por pirosan
El gobierno que antes de dos meses negaba la crisis y que ahora pone medidas insuficientes ha elegido perfectamente el mejor momento para soltar la última bomba procedente de la infame Oficina Económica de la Presidencia: un día de fiesta.
Hoy El País dedica su primera página digital a tratar sobre el tema. Se pregunta que influencia ha podido tener David Taguas en las decisiones sobre el sector de la construcción, se pregunta también si su nombramiento es incompatible o incluso muestra el desagrado de Zapatero al recibir la noticia. A estas alturas que Zapatero finja sorpresa sólo puede producir risa, la misma risa que produce ver a nuestros folclóricos sindicales de paseo por Madrid:
Zapatero camufla una noticia bomba en el día del trabajo. Mientras media España está de vacaciones y la otra media juega al “Compañeros y compañeras”, el nombramiento de un alto cargo del gobierno como máximo representante de los constructores pasará desapercibido. Cada día está más claro que Zapatero optará por el continuismo, la oportunidad de construir una nueva economía de la que hablábamos hace tiempo no parece que esté entre sus planes. No sólo salvará a los constructores, sino que les dará hilo directo con La Moncloa. Las reformas estructurales, los planes a largo plazo parece que quedarán para otro. Lo importante es maquillar las cifras lo que se pueda.
Pero el mayor signo de alarma no son los planes del gobierno, sino la reacción de la sociedad, adormecida como sus medios de comunicación. Decía ayer Jesús Cacho:
Asombra la prensa española, llena de fuerza creativa, de talento crítico, de justiciero celo persiguiendo el crimen, de inabarcable furia a la hora de denunciar los males de la patria mía. El Gobierno acaba de pagar un secuestro a unos piratas (no dice cuánto, ni cómo, ni dónde, un brindis por la transparencia), porque nosotros somos gente de paz y nuestro Ejército de la Señorita Pepis solo está para cosas de ONG, animar procesiones en Semana Santa, separar bandos, evitar peleas, apagar el rescoldo de algún que otro fuego y pronto regar las plantas de Moncloa. Acabamos, también, de ser víctimas del tocomocho del aceite, una alerta alimentaria que ha durado 48 horas, las necesarias para alejar el fantasma de la escandalosa EPA trimestral (¡olé, de nuevo, por la transparencia!), hundiendo varios cientos de marcas que comercializan aceite de girasol, y eso por no hablarles de la inflación y de los cientos de miles de españoles que este año y el próximo, y luego Dios dirá, se van a ir a la calle tras perder el empleo.
Y si sólo ves la tele, parece que aquí no pasa nada. Operación salida, entrevistas en la playa y sindicalistas con viseras orteras. Realmente, y tal y como dice Federico J. Losantos, ¿somos un país de sol, terracita y venga otra de gambas?, ¿no damos para nada más?
